Suspensos y castigos

 In Educación, Pedagogía, Psicología

La Navidad, así como la Semana Santa y el verano, tienen algo en común: los boletines de notas. Las notas son los pilares sobre los que se sostiene el sistema educativo mayoritario. Nos gusten o no, las calificaciones al final de cada trimestre son parte de la vida de nuestros hijos/as y lo serán a lo largo de toda su vida escolar, por eso es importante que tanto los pequeños/as como nosotros como padres/madres aprendamos a convivir con ellas. 

Es difícil saber para quién es más complicado ese momento en el que llegan las notas con asignaturas suspendidas, si para las familias o para los niños/as. Sin duda, todos estamos siempre preparados para buenas noticias, por lo que cuando el boletín llega con excelentes notas no hay ningún problema, todo lo contrario, es motivo de presumir. Sin embargo, cuando el boletín llega con suspensos, no sabemos gestionarlo tan bien. 

Desde luego, para lo niños/as es un momento que no querrían tener que vivir. Pero es cierto que, dependiendo de cada niño/a, la explicación será diferente. Del mismo modo que no existen dos niños/as iguales, tampoco hay dos insuficientes con una explicación idéntica. Pero, en cualquier caso, es importante saber cómo queremos posicionarnos llegado el momento de afrontarlo. Un suspenso no tiene por qué tener más importancia de la que le demos, sin embargo, puede desencadenar una situación más grave. Por eso, te damos algunos consejos para afrontarlos:

1. Si estás enfadado/a, déjalo para otro momento.

Los gritos, los sermones y los enfrentamientos nos encaminan a buscar culpables y no a proponer soluciones. No te servirá absolutamente para nada esa reacción. Por supuesto que tendrás que hablar con tu hijo/a sobre el asunto; pero, si en ese momento crees que no podrás hablarlo con tranquilidad, mejor esperar el tiempo que haga falta para calmarte.

La gestión de un suspenso es un momento idóneo para aprovechar las herramientas que nos proporciona la Disciplina Positiva, conectando con el niño/a antes de corregirle. Una mala nota no es motivo para herir su autoestima, ni para dañar los vínculos que nos unen.

2. Habla con tu hijo/a.

Cuando tu pequeño/a tiene un problema, lo que necesita es que le escuchen, y los suspensos no son una excepción. Interésate por su versión de lo ocurrido. Debe saber que puede contar contigo. Sin comunicación no hay confianza; y sin confianza, no hay vida familiar que merezca ese nombre.

3. Haz autocrítica.

Hacer autocrítica no supone responsabilizarte por completo de la situación, pero si los suspensos te pillan por sorpresa, es probable que algo se te haya pasado por alto durante el curso. No es cuestión de controlar absolutamente todo lo que hacen nuestros hijos/as, sino de hacer un acompañamiento regular y equilibrado. Estudiar es su trabajo, los suspensos y los aprobados son su responsabilidad, pero lo que tú haces también tiene cierta influencia. La idea no es repartir culpas, sino mejorar lo necesario para encontrar soluciones.

4. Identifica el problema.

Igual que cada persona es diferente, cada suspenso también lo es, por lo tanto, no hay una solución única que los elimine del sistema educativo. La realidad es que se puede suspender por falta de interés, de trabajo, de organización… y también por tener problemas personales, familiares e incluso psicológicos. La actitud del niño/a ante el suspenso nos ofrece mucha información sobre el origen del problema. No es lo mismo que presente ese mal resultado demostrando intención de mejorar, que si lo hace con un tono desafiante o indiferente. Para encontrar la solución, lo primero es saber la causa. 

5. Ayúdale a aceptar su responsabilidad.

La mayoría de los suspensos se dan porque no se ha estudiado lo suficiente.  Si tu hijo/a no comprende ni asume lo sucedido, será complicado que realice los cambios necesarios para atajar el problema. Cuando los niños saben que aprender es más importante que aprobar, los suspensos no son más que anécdotas.

6. Busca una solución realista.

Si el boletín viene cargado de suspensos, tu primer impulso puede ser encerrar al niño/a durante todas las vacaciones, pero hacerle sentir mal nunca es la manera idónea de motivarle. Evidentemente un suspenso debe tener consecuencias, pero nunca hasta el punto de debilitar vínculos. Será necesario que pierda alguno de los privilegios que tiene; pero dejándole claro que recuperarlos va a depender de él/ella y de su esfuerzo. Si por el contrario el niño/a percibe que el castigo será largo y lo va a tener haga lo que haga, no tendrá ninguna motivación para hacer un esfuerzo.

7. Realiza un seguimiento a lo largo del curso.

La manera en que te relacionas con tu hijo a diario es también un factor decisivo en su actitud ante los estudios y su rendimiento académico. Iniciar a los niños en hábitos positivos desde la primera infancia es determinante, por ejemplo, la lectura es una de las armas más poderosas a nuestro alcance. 

8. Préstale la ayuda necesaria.

Las familias debemos acompañar a nuestros hijos/as en sus estudios, como en muchos otros caminos que recorren en sus primeros años de vida. Sin embargo, debemos tener en cuenta que son ellos/as los que deben realizar las tareas y estudiar. Que estemos demasiado encima de ellos/as les resta responsabilidad y les impide evolucionar de forma adecuada. 

Por otro lado, que necesiten ayuda no significa que nosotros seamos los más adecuados para ayudarles a preparar un examen o hacer sus deberes. A menudo, la implicación emocional de papá o mamá conduce a un exceso de tensión. De este modo, lo que debería ser apoyo en el estudio se convierte en un enfrentamiento. Tu hijo/a necesita más tu afecto y tu confianza que tu transformación en profesor de refuerzo exigente e implacable. Si piensas que esto puede pasar, no dudes en buscar ayuda de profesionales.

Nuria Barrios Soriano

Graduada en Pedagogía

Col. 998/22594278

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