CÓMO SOBREVIVIR A LAS RABIETAS INFANTILES

 In Pedagogía, Psicología

Como padres, madres, educadores/as… una de las situaciones más problemáticas con la que nos encontramos y que más nos preocupa es cómo sobrevivir a las rabietas de nuestros pequeños/as. 

En primer lugar, debemos saber qué son esas rabietas y a qué se deben. Los berrinches o pataletas podrían ser calificadas como “experimentos” de los propios niños/as en el manejo de emociones “negativas” como la desilusión, la pérdida, la equivocación, la frustración, en definitiva. Es una forma de intentar expresar ese disgusto o ese enfado ante situaciones tan cotidianas como el final del tiempo de juego y la hora del baño; la hora de la cena; un juguete preferido que se rompe o estar muy cansados y querer ir en brazos en lugar de ir andando.

Las emociones son vividas con mucha intensidad por los niños/as y es muy común que “exploten” a la hora de expresarlas. Es algo normal en el desarrollo del menor, pues todavía no saben regular esas expresiones, eso es algo que irán aprendiendo a lo largo de su vida, dependiendo de la educación que le ofrezcan los adultos que haya a su alrededor y de los estímulos que reciba. En la mayoría de las ocasiones, las rabietas surgen cuando el niño/a no tiene cubierta de forma inmediata una necesidad importante que le produce malestar (hambre, sueño, cansancio…).

A pesar de ser comportamientos que se pueden considerar normales, debemos tratar de controlarlos, pero siempre atendiendo a sus emociones, sin censurarles. Debemos encontrar la forma de que expresen esas emociones, pero sin dejarles que “se salgan con la suya”. 

La primera recomendación para afrontar estas situaciones sería precisamente intentar evitarlas anticipándonos a ellas en la medida de lo posible. En el día a día de un niño/a hay muchos momentos que les pueden producir esa frustración de la que hablábamos y podemos tratar de prevenirlos de las siguientes formas: 

  • Satisfacer las necesidades de hambre o sueño que provocan las rabietas. La tolerancia a la frustración se reduce en gran medida cuando los niños/as están cansados, tienen hambre o están enfermos, por eso debemos intentar que descansen, coman y duerman todo lo que necesiten.
  • Atender los ritmos y necesidades de cada niño. Si tu hijo/a es muy nervioso, necesitará un rato de correr o saltar cada día, y debemos concedérselo antes de que lo eche en falta
  • En vez de un no, dos síes (dar dos opciones) Siempre es frustrante no conseguir lo que queremos, pero si podemos elegir y tener una alternativa y una solución similar, la cosa cambia. Ofrecerle la posibilidad de elegir entre varias opciones. Es importante y reconfortante para ellos que puedan tomar (pequeñas) decisiones, siempre que sea posible. Podemos preguntarle qué cuento quiere leer, qué camiseta ponerse o que decida dónde pasar la tarde.
  • Avisarle con antelación de nuestros planes. El aviso previo puede ser efectivo para que se haga a la idea y no se enfade llegado el momento.
  • Lectura infantil para reconocer las emociones. Los cuentos también pueden ser una buena herramienta para que los niños/as aprendan a identificar las emociones. Libros como ‘El monstruo de los colores’ o ‘La rabieta de Julia’ son dos buenas opciones para leer con nuestros hijos/as. 

Aun así, por mucho que intentemos prevenir las rabietas, habrá ocasiones en las que no podamos, y debemos estar preparados para saber cómo afrontarlas.

  • En primer lugar, debemos tener claro que el adulto siempre tiene que guardar la calma en todo momento y mostrarse tranquilo, nunca nervioso, aunque muchas veces sea complicado. No debes ponerte a su altura, responder a una rabieta alzando la voz o de malas maneras solo empeorará la situación. Las emociones se contagian y si te mantienes sereno y firme en tu postura, el enfado de nuestro/a pequeño/a no durará mucho más allá de unos cuantos minutos, luego a él/ella se le olvidará.
  • Muchas veces hablamos a los niños/as desde la lógica, pero antes de ciertas edades los niños/as no conocen la lógica ni la pueden entender. Lo mismo sucede con las dobles intenciones o la ironía, así que debemos evitar todas estas formas de expresarnos. Hablarle en tono pausado, con voz baja y a su altura, agachado. Todas estas pautas le darán confianza y le ayudarán a sentir que lo que siente en ese momento es importante para ti.
  • Las normas deben ser consensuadas entre todos, esto quiere decir que si dejamos opinar al niño/a, será mucho más sencillo que cumpla mejor que si se las imponemos. 
  • No ceder al deseo del niño/a para cortar la rabieta. Bajo ningún concepto. Si le damos de inmediato lo que pide solo le enseñamos una forma «inadecuada» para conseguir las cosas.
  • Evita las explicaciones largas y espera que se calme. Cuando nuestros hijos/as empiezan a hablar muy alto, insultar, gritar, llorar constantemente, debemos hacerle entender que así no podemos escucharle. Aunque hiciésemos un esfuerzo en entenderle no podríamos, pero estaremos encantados/as de atenderle cuando se calme y se tranquilice un poco
  • Habla de sus emociones, no intentes aún razonar con él/ella. Lo más importante no es el motivo de la rabieta, sino cómo le hace sentir, debe entirse escuchado/a y comprendido/a. 
  • Cariño y contacto físico: ¡No lo ignores! Si el niño/a es pequeño/a puedes cogerlo en brazos, acarícialo si se deja o dale la mano. Es importante que en ese momento se sienta acompañado, querido y atendido por sus padres. En niños pequeños/as, ignorarlos no es productivo, pues es un momento en el que se sienten mal y nos necesitan, si les ignoramos solo aumentamos su malestar y sensación de abandono. 
  • Busca una solución con tu hijo. Una vez se haya calmado podéis buscar opciones juntos para que no vuelva a ocurrir. 

Y vosotros/as ¿qué hacéis cuando vuestros hijos/as tienen una rabieta? 

Nuria Barrios Soriano

Graduada en Pedagogía

Col. 998/22594278

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