Apego

 In Pedagogía, Psicología

¿Qué es el apego?

El apego es una vinculación afectiva intensa y consistente, que se desarrolla y consolida entre el bebé y sus cuidadores, por medio de sus interacciones, y cuyo objetivo inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección.

No se trata de un sentimiento inmaterial, sino de conductas observables que comienzan de manera refleja. 

Desde el punto de vista emocional, el apego surge cuando se está seguro de que la otra persona estará ahí incondicionalmente, lo que facilita que aparezcan la empatía, la comunicación emocional y el amor entre estas personas.

La teoría del apego describe la dinámica de largo plazo de las relaciones entre las personas. Su principio más importante indica que un bebé recién nacido necesita desarrollar una relación con, al menos, un cuidador principal para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad.

Los bebés se apegan a los adultos que son receptivos a las relaciones sociales con ellos, y que permanecen como cuidadores consistentes por algunos meses hasta los dos años de edad. Generalmente las principales figuras de apego suelen ser los padres o cuidadores principales. Cuando el bebé comienza a gatear y caminar, empieza a utilizar las figuras de apego como una base segura para explorar más y regresar de nuevo a ellos/as. La ansiedad por la separación o el dolor tras la pérdida de una figura de apego se considera una respuesta normal y adaptativa de un recién nacido apegado. 

Cada relación de apego tiene sus características específicas, porque algunos factores como la edad o la interacción tienen mucha influencia. Estas relaciones son muy amplias, pero las más importantes son las de asegurar la supervivencia del bebé, darle seguridad, autoestima y la posibilidad de intimar, es decir, tener una buena comunicación emocional, y refugiarse en momentos de angustia o confusión para sentirse seguro.

La figura de apego es aquella persona con la que, o se está estableciendo un vínculo de apego, o ya está establecido. Habrá ciertas reacciones con respecto a la figura de apego:

  • Se buscará el contacto o la proximidad con dicha persona.
  • Se experimentará cierta ansiedad en respuesta del abandono o separación de la otra persona.
  • Se buscará apoyo emocional en esa persona cuando la situación lo requiera.
  • Se consolidará esta, como su base de seguridad buscando protección de cualquier tipo, en caso de sentirse amenazado.

Tipos de apego

Existe una clasificación de tipos de apego que se ha construido con base en la técnica de situación extraña diseñada por Mary Ainsworth. Se establecen cuatro categorías:

  • Apego seguro: Se da en el 65% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego exploran de forma activa mientras están solos con la figura de apego, y pueden intranquilizarse visiblemente cuando los separan de ella. A menudo el bebé saluda a la figura de apego con afecto cuando regresa, y si está muy inquieto, tratará de entrar en contacto físico con ella. Estos bebés son sociables con extraños mientras la figura de apego principal está presente.
  • Apego resistente: Se da en un 10% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego tratan de mantenerse cerca de la figura de apego y exploran muy poco mientras ella está presente. Se inquietan mucho cuando ésta se marcha, pero cuando regresa su reacción es ambivalente: permanece en su cercanía, pero pueden resistirse al contacto físico con ella mostrándose molestos por el abandono. Se muestran sumamente cautelosos con los extraños, aún en presencia de la figura de apego.
  • Apego evasivo: Se da en un 20% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego muestran poco malestar cuando son separados de la figura de apego y generalmente rehúyen de ella cuando regresa, aunque ésta trate de ganar su atención. Suelen ser sociables con los extraños, pero pueden ignorarlos de la misma forma en que evitan a su figura de apego cuando regresa.
  • Apego desorganizado/desorientado: Se da entre un 5 y un 10% de los bebés. Es una combinación de los patrones de apego resistente y apego evasivo. El bebé puede mostrarse confuso permaneciendo inmóvil o acercarse para luego alejarse de forma abrupta a medida que la figura de apego se aproxima.

Las relaciones de apego son saludables, pero que el querer estar todo el rato al lado de la figura de apego se denomina apego excesivo o lo que conocemos como mamitis/papitis. Normalmente hay etapas en la vida de un niño/a que son más sensibles que se produzcan: alrededor de los 12- 24 meses, cuando empieza el cole, la llegada de un nuevo hermano/a, si está enfermo… Sin embargo, si no se da ninguna de estas situaciones, y se prolonga en el tiempo esta “mamitis/papitis” y crees que puede ser ansiedad por separación necesitarás la ayuda de un especialista. Pero si se encuentra en alguna de estas situaciones, te damos algunos consejos para ayudaros a superarlo:

Ponte en su lugar: Averigua qué es lo que le pasa y ayúdale a solucionarlo transmitiéndole seguridad. Si tu hijo/a quiere pasar tiempo contigo es porque necesita tu afecto y tú cariño. Está explorando el mundo y le aterra estar solo. Hay niños/as que se sienten más seguros y otros que te necesitan todo el rato. Muchas familias prefieren ni despedirse de sus hijos/as para no verles sufrir. Mi consejo es que te despidas, que hagas una despedida rápida y sin dramas y que te vea tranquilo/a cuando te vayas y te separes de él/ella. De esa forma conseguirás que no se angustie tanto y no se altere más de la cuenta. El no despedirse solo incrementa la sensación de abandono en el pequeño/a.

Paciencia. Superar el problema será proporcional a la severidad y al tiempo en que hayas detectado que lo sufre. A pesar de que hay etapas del desarrollo o situaciones (como cuando empiezan a ir al cole o la guarde) que es común que necesite estar más contigo, debes recordar que pasado un tiempo prudencial tú también debes hacer intentos porque esa dependencia no continúe y conseguir un equilibrio entre el cariño y la firmeza. Es importante controlar también la “hijitis” que muchas veces sufrimos los padres para no empeorar esta situación.

Acostumbraros a estar el uno sin el otro durante un tiempo corto: Puede que a tu hijo/a le cueste, pero sin duda a ti también. Por eso es importante ir separándoos poco a poco de forma gradual. Empieza por 5 minutos y ve aumentando el tiempo progresivamente cuando veas que lo va superando.

Dale responsabilidades: Si depende totalmente de ti, será más complicado que tenga confianza en sí mismo/a. Así que, si tiene adquirida una habilidad o hace alguna tarea, ¿por qué sigues partiéndole la carne o dándole de comer? Es importante que si tiene interés por hacer algo, aunque no la domine muy bien o tarde más, le dejes que haga sus intentos para que pueda llegar a ser más autónomo/a, por ejemplo vestirse solo o coger las galletas para su desayuno o la merienda, ayudarte a guardar la compra… Seguramente tú lo vas a hacer mejor y más rápido que él/ella, pero conseguir que haga cosas por sí mismo/a y no te necesite, le aportará confianza y conseguirás que el día de mañana no sea un niño/a caprichoso/a, dependiente en los estudios o un “mandón/a”.

Nuria Barrios Soriano

Graduada en Pedagogía

Col. 998/22594278

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